Por
Joel Poblete
Aunque suena
divertido, pocos textos pueden reflejar tan de primera
mano y con tanta lucidez el caos en el que puede
convertirse el proceso de filmar una película que este
fragmento de una charla que el año pasado dictó el
director de fotografía Miguel Joan Littin: "La lucha es
desigual, en el cine hay tanta burocracia, tantos
elementos externos a la CREACIÓN, hay tan pocos momentos
en que uno verdaderamente puede CREAR en el estado más
puro de la palabra, que hay que estar en estado de alerta
todo el tiempo y por eso es tan importante leer tanto el
guión y sabérselo de memoria, y ojalá sentirse
interpretado por él, e interpretarlo a su vez, para que
cuando se producen estos golpes burocráticos en
el set o en la planificación –que el actor no quiere
actuar, no llegaron ciertos elementos, el dueño de casa te
está echando, no hay permiso para estar en ese lugar,
había sol y empezó a llover, hiciste 10 tomas y la última
es la mejor pero no pusieron el diafragma, el dolly golpeó
a la actriz y ahora cojea, al director le dio un ataque de
pánico y no quiere SEGUIR filmando, o le dio un ataque de
pánico y no quiere DEJAR de filmar, el productor te
prometió 20 luces pero en realidad llegaron 2, etc, etc…-
uno tenga la capacidad de reaccionar no sólo técnicamente
sino lo más importante, creativamente, narrativamente, que
seas capaz de adaptar como un dramaturgo una situación a
otra, así como el escritor es capaz de borrar textos y
frases uno puede adaptar óptica, luz y movimiento a nuevos
escenarios distintos, sin traicionar tu esquema general
visual".
Categórico,
¿no? Desde que se desempeñó por primera vez como director
de fotografía en el largometraje El desquite,
de Andrés Wood, quedó claro que el autor del párrafo
anterior poseía un indiscutible talento visual, y que las
imágenes de su cámara eran vitales a la hora de transmitir
los requerimientos de un cineasta en cuanto a textura,
atmósfera y color. Más de alguien podría decir que esto es
de perogrullo, que es obvio que esa es la labor
de los encargados de esa área, pero a estas alturas
cualquier cinéfilo sabe distinguir lo que hace valiosa a
una buena fotografía al lado de una que no cumple con los
objetivos básicos. A sus 37 años, Littin es ya un
referente en nuestra cinematografía reciente, y lo ha
seguido demostrando con creces, en otros notables trabajos
junto a Wood como La fiebre del loco y
Machuca, o con su padre, Miguel Littin,
en La última luna. Y más recientemente,
en la recién estrenada Fuga, donde su
magnífica labor es uno de los puntos altos del debut de
Pablo Larraín.
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El desquite (1999) primer
largometraje de Littin |
La idea era
conversar con Littin personalmente, pero un imprevisto
viaje a España obligó a realizar la entrevista por e-mail.
Un recurso que a menudo se traduce en respuestas cortas,
diplomáticas y casi por compromiso, pero en este caso hay
que agradecerle al profesional por darse el tiempo de
contestar con generosidad y mostrar interés por la
posibilidad de hablar de su trabajo y de su carrera. Una
carrera que por obvias razones familiares parecía
destinada al cine desde la más tierna infancia. En 1973
los Littin abandonaron Chile rumbo al exilio en México,
donde vivieron diez años, y en los 80 se trasladaron a
España, donde mientras estudiaba en un colegio madrileño
Miguel Joan, o Joan a secas, como lo conoce casi todo el
mundo, hizo unos cuantos cortos en súper 8 junto a sus
amigos, generalmente gore, como uno que recuerda
particularmente, en el que "un cura dejaba el sacerdocio
porque se enamoraba de una alumna, y en represalia sus
pares lo terminaban acuchillando, y el profesor de latín
lo colgaba con su sotana en el campanario de la escuela".
Cuando terminó
el colegio Joan pretendía entrar a estudiar en el
legendario Centro Experimental de Cine en Roma, no sólo
por "la devoción que sentía en esos momentos por los
fotógrafos italianos" sino además porque allí estudiaba su
hermana Cristina –actualmente a la cabeza de la
distribuidora MC Films y productora ejecutiva de
Fuga-, que lo entusiasmaba contándole que además
de los destacados profesores de planta, Akira Kurosawa iba
a dar charlas, se podía hacer prácticas con Vittorio
Storaro y hasta visitar el set de lo último de Federico
Fellini. Lo malo es que justo cuando Littin iba a
postular, se cerró por tres años el área de fotografía del
Centro, a raíz de desacuerdos entre los docentes y la
dirección del establecimiento. Entonces se quedó en
Madrid, se inscribió en el Taller de Artes Imaginarias,
formado por los profesores de la antigua escuela oficial
de cine que Franco clausuró a principios de los años 70
por ser un centro de formación de "comunistas", de la que
salieron realizadores como Carlos Saura y Manuel Gutiérrez
Aragón.
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La fiebre del loco (2001) |
"La escuela
tenia la gran virtud de tener mucha práctica, tenías
acceso a los equipos así que era relativamente fácil
filmar ejercicios constantemente, algunos sobresalientes
por lo buenos y otros por lo malos que eran. Rescato mucho
un ejercicio que hicimos algunos que consistía en cargar
tu cámara fija con un rollo de 36 fotos y juntarse una vez
a la semana en determinado lugar y hacer una sola
fotografía durante 2 horas en el radio de una cuadra,
después se revelaban al final del semestre y era increíble
cómo uno descubría que tu desarrollo temático y de
composición iba cambiando semana a semana, esto nos
obligaba a tener un sentido de rapidez en la composición y
un descubrimiento visual muy intenso".
En todo este
período de aprendizaje Littin también asistía como
meritorio (alumno en práctica) a distintos rodajes,
donde destaca particularmente el trabajo como asistente de
Hans Burman (el director de fotografía de La
colmena, Los santos inocentes y
Tesis, que trabajó con Littin padre en
Sandino y Los náufragos
y en Amnesia (1994) de Justiniano): "ahí
aprendí el oficio y el entender claramente cómo
se mueve y decide un director de fotografía dentro de un
set".
-Entre
tantas áreas de la realización cinematográfica, ¿qué te
atrajo de la dirección de fotografía?
-La verdad es
que la razón primaria es la atracción casi irracional
hacia la cámara de cine como objeto y a todo lo que la
rodea, y aunque suene naif, es la sensación indescriptible
de mirar a través de ella mientras se está desarrollando
un mundo que sólo existe en ese momento entre tu ojo y lo
que observas, en este caso un rostro, un paisaje, una
escena entera. Siempre me fascinó la posibilidad de poder
"hablar" a través de distintos espacios de composición y
darle a cada uno distintos valores de sensación a través
del color y sus significados. También el ser responsable
de hacer una adecuada interpretación visual del guión y lo
que el director quiere expresar, y a partir de ahí crear
un espacio de poesía visual en todo el relato.
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Inicios: asistente de Burman en
Amnesia |
-Todavía muchos espectadores siguen pensando que la
fotografía en una película sólo se limita a captar
imágenes de postal o bonitos paisajes. Aunque parezca una
obviedad, ¿podrías explicar la importancia del director de
fotografía en una película?
-Son muchas
las razones de su importancia, partiendo porque tienes que
conjugar muchas variables que van desde aspectos
"formales" como el encuadre, la óptica, desplazamiento de
la cámara, la iluminación, el movimiento de los actores,
los efectos especiales, el color o su ausencia, etc, para
poder adentrarte hacia lo más importante que es crear una
especie de arquitectura de la composición, ya que uno
trabaja finalmente con espacios. Igual que un arquitecto
tienes que estar siempre calculando el orden de todos los
elementos que tienes en un cuadro y darles un valor
dramático y estético a cada uno de ellos, en un diálogo
permanente con el director. Por otra parte, finalmente
eres el encargado de llevar todos los elementos de la
creación de una película (guión, actores, director) hacia
la concreción de ésta. Todo esto es complejo, ya que todas
estas interrelaciones que se dan no son evidentes en la
película, sólo las suponemos, pero es tu labor que el
espectador interactúe con cada una de ellas.
Sólo a modo de
referencia, le preguntamos a Littin por los directores de
fotografía del pasado y el presente que se han convertido
en una referencia para él, a los que él considera
"auténticas Biblias". Su listado es impresionante e
irreproducible por espacio, aunque como es de suponer es
un verdadero "quién es quién" de la dirección de
fotografía de ayer y hoy. Menciona ¡un centenar de
películas!, desde El ciudadano Kane y
Las uvas de la ira a Los
imperdonables, Amores perros,
Hable con ella, Ciudad de Dios
y El nuevo mundo, sin olvidar trabajos de
su padre como El chacal de Nahueltoro
(Fot. Héctor Ríos), La tierra prometida
(Fot. Affonso Beato) y El recurso del método
(Fot. Ricardo Aronovich), y directores de fotografía desde
Greg Toland, Gabriel Figueroa, Henri Alekan, Vittorio
Storaro a Janusz Kaminzki y Ellen Kuras, entre muchos
otros. Y también destaca a los latinos que se están
robando la película en Estados Unidos y Europa: Emmanuel
Lubezki, Guillermo Navarro, Rodrigo Prieto, César Charlone, Igor Jadue-lillo,
Walter Carvalho, Enrique Chediak.
El
guión, el guión y el guión
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El lema de Littin (Foto: Di Palma
y Woody Allen en Días de radio) |
De regreso en
Chile a comienzos de los 90, "con la idea de conocer mi
país de nacimiento", Littin hizo la fotografía en dos
cortometrajes –Caballo de hierro blanco,
de Pepe Torres, y El navegante, de
Patricio Pereira-, y afirma que entonces sintió por
primera vez "la seguridad absoluta de poder narrar
visualmente una historia, ya fuera corta o larga". Desde
entonces, en cine y publicidad, se ha mantenido
tremendamente activo. Y en lo que nunca ha claudicado es
en ser él mismo el encargado de la cámara: "en eso soy
inflexible, no puedo separar la iluminación de la
composición, es un todo que uno va desarrollando plano a
plano". Nunca olvida el consejo que le dio Carlo Di Palma,
el legendario director de fotografía de Blow up
y algunos de los mejores filmes de Woody Allen en los años
80 y 90: primero el encuadre, la luz viene sola.
A su vez, Di Palma había escuchado estas palabras de
Gianni Di Venanzo (director de fotografía en clásicos como
El grito, El eclipse,
La noche y 8 1/2). "Esta
frase la tengo grabada a fuego", dice Littin.
-En
otra parte de la charla que cité en un comienzo das
algunos ejemplos de quiénes te inspiraron al momento de
pensar en la visualidad que necesitaba tu debut en el
largometraje, El desquite. Ahí citabas a Gordon Willis en
El padrino y Jack N. Green en Los imperdonables, pero
también la pintura de Goya y Vermeer. ¿Cómo coordinas
habitualmente las exigencias visuales que te plantean los
directores? ¿De qué manera trabajas los conceptos visuales
en la etapa previa al rodaje? Por ejemplo, ¿se conversa
mucho, se ven pinturas o películas para tener una
referencia?
-Antes que
nada parto por el guión, trato de aprenderlo casi de
memoria para saber claramente lo que se quiere trasmitir,
me imagino a los personajes, sus cuerpos, miradas, cómo
reaccionarían frente a determinadas cosas, qué es lo que
estarían pensando al decir tal o cual diálogo. Después
comienzan largas charlas con el director donde se habla de
todo, películas, pinturas, músicas, fotografías, revistas,
comics… Las influencias y referencias pueden salir de
múltiples lugares, hasta que vas acotando cada vez más lo
que quieres. Por lo general pasan cosas increíbles en este
proceso, porque uno está muy sensible a captar múltiples
estímulos visuales hasta encontrar y decidir un camino a
seguir. Muchas veces selecciono muchas secuencias de
distintas películas que me gustan y que pueden servir de
ejemplo a la hora de proponer para el proyecto.
-¿Y
tienes un método personal (investigación, storyboard, etc)
para definir lo que quieres lograr en las imágenes?
-Primero el
guión, guión, guión. Mientras más conozco el guión más
estoy preparado para entender los personajes y también
para hacer cambios durante el rodaje sin que me afecte
mayormente la idea visual que tengo del proyecto. En
general lo tengo lleno de anotaciones y fotos o dibujos de
cada secuencia de la película. Es importante conocer qué
actores van a interpretar a los personajes, una vez que lo
sé doy mi opinión y me los empiezo a imaginar para el
personaje, cómo caminarían, su mirada, etc. Es clave hacer
que el actor te caiga bien, que lo quieras mirar a través
de la cámara (aunque te caiga mal), porque son sus ojos
los que van a transmitir finalmente todo al espectador.
También, cuando se puede, hago pruebas de distintas
emulsiones y filtros que pretendo utilizar. He tenido la
suerte de siempre trabajar la fotografía con el mismo
equipo a lo largo de los años –Cristian Petit-Laurent como
primer asistente, Pablo Martínez y Víctor Rojas en
iluminación-, así que hemos ido desarrollando métodos de
trabajo en que todo cotidianamente fluye mucho más rápido,
me preocupo de que todos lean el guión y sepan exactamente
qué estamos haciendo tanto a nivel técnico como creativo.
Son tremendos profesionales y personas.
Littin, Wood y Larraín: Diferencias de método y estilo
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Los Littin en La última luna
(2005) |
Ya sea en la
belleza sobrecogedora del paisaje captado en El
desquite y La fiebre del loco,
el particular color del pasado que desarrolló en
Machuca, el agreste realismo de la tierra
palestina en La última luna o los contrastes lumínicos al
interior del Teatro Municipal y en los exteriores
santiaguinos que exhibe en Fuga, Joan
Littin ha exhibido una enorme ductilidad al servicio de
directores muy distintos entre sí. Por eso es ineludible
preguntarle por las diferencias en el estilo visual y el
método de trabajo de cineastas como Wood, Larraín y su
propio padre.
-De partida, los tres poseen (cada uno en su estilo) un
gran sentido del humor dentro del set, y eso es vital para
todo el rodaje. Por razones obvias, cuando trabajo con mi
padre el estado emocional es especial. Siento que él
utiliza mucho la memoria emotiva para todo el proceso
creativo y para todo el que trabaja con él. Esto impregna
siempre el set de una intensidad que logra sacar
"verdades" cinematográficas. Ahora en el set hay que estar
muy concentrado para detectar los momentos precisos en que
esto ocurre sobre todo con los actores donde muchas veces
he visto cambios increíbles de una toma a otra. Este
método de trabajo también presenta un desafío visual
porque le gusta tener los sets libres de movimiento, así
que tienes que ser capaz de modificar tu iluminación
rápidamente.
Me gusta mucho
su definición de que el cine es como el "ojo de un
cíclope". Le fascinan los grandes planos generales y los
grandes primeros planos, odia los planos medios. Ama a
Mahler y Ángel Parra. Ama a Kurosawa.
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Machuca (2004) |
Con Andrés
Wood me cuesta un poco separar la relación, ya que nos
conocimos a través de un amigo en común, el director de
fotografía Igor Jadue-Lillo (Historias de fútbol,
La guía del viajero intergaláctico) y
hemos crecido juntos cinematográficamente, he participado
en todas sus películas, así que obviamente nos hemos hecho
amigos y eso ha facilitado mucho nuestro trabajo en el set
porque ya definido el estilo visual que queremos todo
fluye de una manera muy natural, proponiendo todo el
tiempo uno u otro los distintos movimientos y
composiciones. Te diría que él parte de un orden absoluto
en el set y a partir de ahí comienza a desestructurar las
escenas y a elegir lo que más le importa de ellas. Es de
una perseverancia también absoluta, hasta conseguir el
momento o la emoción que quiere. Tiene siempre una mirada
muy transparente en lo que quiere contar y tiene la
capacidad de decirte que estás equivocado sin herir ningún
ego, cosa que dentro de un set, créeme, es muy importante.
Le gusta filmar todos los planos-detalle y todas las
descripciones que le puedan servir en el montaje. A partir
de cierto orden visual siempre da paso a una soltura total
a través de la óptica y movimientos. Odia la
sobreactuación. Ama a Violeta Parra y Peter Gabriel. Ama a
Cassavetes.
Con Pablo nos
entendimos muy bien desde un inicio, establecimos varios
caminos que queríamos seguir y los cumplimos. También
tiene desarrollado un sentido visual-estético muy intenso
y le fascina el poder del texto, y a partir de él,
plantear las posiciones de cámara. Mezcla muy bien el
orden y el desorden al mismo tiempo en el set, esto nos
permitía repetir escenas enteras desde distintos ángulos
de cámara con la misma intensidad y frescura en los
actores. Odia los teleobjetivos. Ama toda la música. Ama a
Kubrick.
Fuga
-A
primera vista, puede parecer más difícil trabajar con un
director en un primer largometraje, pero ¿es más
estimulante?
-En el caso de
Fuga fue muy estimulante, ya que Pablo
fue creciendo en seguridad día a día y fue muy fiel a lo
que acordamos antes de iniciar el rodaje en cuanto al
planteamiento narrativo que le queríamos dar, pero siempre
abiertos a los elementos nuevos que fueran surgiendo en el
camino. Es difícil de explicar, pero para uno que hace
cine es un privilegio y un estímulo increíble estar
asistiendo ahí mismo en el rodaje al nacimiento de un
autor que estoy seguro llegó para quedarse.
-¿Cuáles fueron las principales exigencias técnicas y
artísticas qué te pidió Larraín en Fuga? ¿Qué era lo que
más le importaba mostrar en la pantalla a través de la
fotografía?
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La cámara ansiosa alrededor de
Coppa (Pauls) |
-Le
obsesionaba poder darle forma a algo invisible como es la
música, y además teníamos que darle una coherencia
espacial a todo el tremendo elenco que teníamos. Primero
que nada nos coordinamos muy bien con Rodrigo Bazaes, que
hizo un gran trabajo en la dirección de arte, en cuanto a
los colores que decidimos utilizar en cada personaje y sus
decorados, tomé mucho en cuenta cómo estos colores se
verían afectados posteriormente en el trabajo final en el
laboratorio. El desafío fundamental fue contar la película
a través de los angulares, y nos autoimpusimos narrar con
poca variedad de lentes los distintos personajes y
espacios que habitan la película. También estábamos muy
claros en ser radicales con el tratamiento visual y
narrativo hacia el mundo de Coppa (el personaje de Gastón
Pauls), cosa que logramos acentuar también en los procesos
finales en el laboratorio; siempre lo filmamos con la
cámara en la mano, dando cuenta de la ansiedad del mundo
en que se mueve, mientras Montalbán (Benjamín Vicuña)
deambula aparentemente por espacios más controlados, pero
con una carga de orfandad mucho mayor. Quizás uno de los
momentos que más grafica esto es la secuencia paralela
entre la noche del concierto en el teatro y el
descubrimiento por parte de Coppa de la partitura en el
psiquiátrico. Por un lado la cámara de Montalbán "viaja"
suavemente (montada en una steadycam) alrededor de él
hacia la tragedia (muerte de la pianista) y por el otro
lado la cámara en mano ansiosa viaja alrededor de Coppa
hacia el descubrimiento de la partitura que crea esta
tragedia.
-Tuviste exteriores e interiores con muchas variaciones
lumínicas, tomas submarinas, durante un concierto en la
sala principal del Teatro Municipal... ¿en lo técnico y
artístico, qué fue lo más difícil o complejo de este
rodaje?
-Al rodar todo
con angulares, te obliga a tener tus fuentes de luz muy
lejos de donde se está desarrollando la escena, esto
sumado a los movimientos de cámara hace mucho más complejo
el trabajo de iluminación, afortunadamente mi gaffer
(jefe de iluminación), Víctor Rojas, creó un sistema
"aéreo" que permitió trabajar cómodamente, sobre todo en
el Municipal. Lo más difícil fue el rodaje de las escenas
en el mar, había demasiados obstáculos de la naturaleza
diariamente que hacían que finalizar cada jornada de
filmación fuera un triunfo absoluto para todos.
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Castro y Vicuña en Fuga |
-¿Tienes que revisar mucho tu trabajo en el proceso de
montaje?
-Sí, siempre
he podido ir viendo las distintas etapas del montaje y
dando mis opiniones al respecto, sobre todo cuando se
empiezan a intercalar escenas que fueron filmadas con
cierta temporalidad, pero que después en el montaje son
colocadas en otro lugar, es importante estar cerca de todo
el proceso hasta el final para que tus opiniones sean
tomadas en cuenta, por el momento los directores han sido
bien generosos en discutir y aceptar opiniones en este
proceso. La verdad es que siempre soy bien autocrítico
hasta el final, nunca estoy muy conforme hasta ver las
correcciones finales en el laboratorio, o sea hasta el
final de todo el proceso.
-Gracias a trabajos como el tuyo y el de otros colegas, el
oficio de director de fotografía es cada vez más
reconocido en nuestro país. ¿Crees que por mucho tiempo no
se les reconocía como una de las partes primordiales de
una película?
-Públicamente
hay una gran ignorancia al respecto, pero siento que cada
vez más la gente ha entendido que cuando le hablan de
fotografía cinematográfica no significa ver un hermoso
color en la pantalla sino que se refiere a la forma que
tiene el relato cinematográfico en sí. Ahora por un lado
la mayoría de las veces la prensa también tiene culpa en
esto ya que en general nombran la fotografía como un
aspecto técnico nada más (muchas veces ni siquiera nombran
al autor de ésta), sin darle su verdadera dimensión y
también nosotros hemos sido muy pasivos a la hora de
organizarnos y dar a conocer nuestra profesión.
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Rutger Hauer en Mentor (2006) |
Aunque Littin
tiene su base de operaciones en nuestro país, sus nexos
laborales con el extranjero siguen activos y vigentes.
Pocos lo saben, pero él es el segundo latinoamericano
invitado a formar parte de la Asociación española de
directores de fotografía (AEC), y además tiene un agente
de la ICM en Estados Unidos que habitualmente le envía
guiones con la idea de que filme en el país del norte.
"Pero uno va aprendiendo que por el momento es mejor tener
tu base en tu país y no creerte el sueño americano, porque
en general escasean las buenas historias", comenta Littin,
aunque al término del rodaje de Fuga
filmó Mentor de David Langlitz, un
largometraje independiente protagonizado por Rutger Hauer,
que le significó dos meses de filmación entre Baltimore y
New York.
Por ahora
prefiere seguir radicado en Chile: "me acomoda mucho más
vivir acá y viajar afuera puntualmente cuando haya que
realizar los proyectos, y también creo que es vital dar la
pelea permanente por atraer capitales desde afuera para
los proyectos que se realizan aquí". Y es ineludible
preguntarle por la polémica en la que se vio involucrado a
principios de año cuando decidió marginarse de los premios
Pedro Sienna, en los que estaba nominado por la fotografía
de La última luna.
-Ahora
que ya pasó algo de tiempo después de toda la discusión
que se levantó por los premios, ¿sigues pensando lo mismo
que en esos días?
-Absolutamente, y después de todo lo que pasó, más que
nunca.
[Publicado en abril del 2006] |